SILVIA LOPEZ BANUS
Escritora
CARENCIADOS AFECTIVOS

 

Al escuchar la palabra “carenciados”, indefectiblemente la asociamos a pobreza, marginalidad, falta de medios económicos y materiales. Esos carenciados están atendidos socialmente por estructuras gubernamentales afines, las iglesias y asociaciones no-gubernamentales que atienden e intentan paliar la situación, muchas veces, desesperante de las familias de nuestro país.

Pero existe una gran franja de seres humanos que podríamos denominar “carenciados afectivos”. ¿Quiénes forman parte de ella? Son aquellas personas que sienten el desamparo, la incomprensión, la soledad. Personas de buena posición económica, que no pueden (tal vez, porque no saben cómo hacerlo), insertarse en determinada sociedad. Ya sea debido a traslados laborales, familiares, etc. esas personas llegan a nuestra ciudad con ilusiones, con deseos de una vida mejor, buscando oportunidades, tranquilidad y paz. Y se encuentran solos. Sus familiares han quedado a kilómetros de distancia. Sus amigos también. Les cuesta insertarse en la sociedad.

Otras personas que forman parte de este grupo, son aquellas que sufren la incomprensión de sus seres queridos. Padres que no comprenden a sus hijos, hijos que no entienden a sus padres, hermanos que no se respetan, amigos que se traicionan... ellos también sienten el vacío, el sentimiento de “no encajo aquí”. ¿Quién puede ayudarme? –se preguntan. Como la carencia no es de dinero, se sirven de él para atenuar su situación. Entonces gastan su dinero en compras compulsivas, y generalmente, innecesarias. Hasta que llega la revisión interior y se encuentran con su propio y desolado vacío...

Y no saben dónde acudir. ¿Quién las contiene? Psicólogos, psiquiatras y médicos, pues muchos llegan a somatizar sus carencias afectivas, enfermando su cuerpo y su mente. Y después, ¿qué? ¿Cómo llenan el vacío de afectos, de comprensión, de respeto?

Cuando comencé esta carrera de “escuchar” el corazón de seres que sufren diferentes necesidades afectivas y decidí publicar un libro, sólo tuve frente a mí personas adultas, de mi edad y más también. Pensé que esa “sensación” de carencia se debía a la denominada “crisis de los 40”, o la “menopausia”, o la revisión de vida que hacen los hombres a cierta edad... Pero me equivoqué. Esta carencia está presente en cualquier edad y no discrimina sexo, raza, condición económica, cultural o social.

Asistimos a una joven de sólo 23 años... hija de una familia de clase media, padres jóvenes, hermanos, abuelos... Sin embargo se sentía sola. Incomprendida. Deambulaba sin rumbo fijo, desconcertada. Esta soledad, la llevó a inmiscuirse en círculos de personas que no la ayudaban, más bien la alejaban de su verdadero yo. Acudió a videntes, brujas y toda clase de consultas esotéricas, llegando a perder su “centro”. Y pasó situaciones muy feas...

Por eso, invito a padres, hijos, gobernantes, docentes, amigos, vecinos... a que miremos nuestro interior y paremos la pelota del tiempo, de la máquina de hacer dinero, silenciemos nuestra mente y escuchemos a quienes nos rodean. ¿Qué necesitan mis hijos? ¿Qué puedo hacer por mi hermano? Sólo escuchemos... Para comenzar, eso sólo basta. Pero hagámoslo desde el corazón, librándonos de las miserias humanas, de nuestros egoísmos, de nuestros deseos de poseer.

Vale la pena. En amor incondicional... hasta la próxima.