JorgeGaraventa
Lic. en Psicología
ABUSO SEXUAL Y MALTRATO A LA NIÑEZ EN LA SOCIEDAD ACTUAL

 

La información cotidiana golpea sin piedad con una realidad que la modernidad ha dejado a la vista: La protección a la niñez que los adultos, y el estado como sustituto de carencias deberían ejercer está en muchos casos, bastante mas que los imaginados, absolutamente ausente.
¿Ocurren mas casos o, la gente hoy denuncia mas?, se (nos) preguntaba la prestigiosa Eva Giberti, advirtiéndonos de los riesgos de quedar entrampados en las posibles respuestas.

Siempre hubo abusos y maltratos e indudablemente se denunciaba menos pero esto no habilita a quedarnos tranquilos ante hechos que “en definitiva siempre ocurrieron”, ni mucho menos a serenar nuestras conciencias diciéndonos que hoy la sociedad enfrenta esta problemática pues lo cierto es que esto sigue pasando, las intervenciones de la justicia son pocas y las condenas mucho menos aún.

La historia de la niñez es en definitiva la historia misma del abuso sexual y el maltrato. Un observador desprevenido, que no debería haberlo, se sorprenderá al comprobar que la mayoría de estas situaciones se dan en el ámbito familiar, y que en el caso de abuso sexual infantil suele ser el padre quien en no pocas oportunidades ha violado a su hija o hijo. Estos hechos tienen como agravante la imposición del silencio de la víctima que, ante la obligación de guardar el secreto por miedo, vergüenza o culpa va deteriorando su vida psíquica de modo tal que las consecuencias en la adultez, son devastadoras. Se produce una doble situación traumática. Por un lado la permanente tensión al estar a merced del abusador no permite ningún tipo de alivio,de la misma forma que tampoco tiene acceso al proceso de relajación que sigue a la puesta en palabras de los actos de sumisión, humillación y abuso que padece.
El tema del maltrato físico y psíquico tiene algunas características que lo distinguen del anterior.


En primer lugar está más naturalizado. A poca gente le sorprende que en la familia el golpe o la humillación sean un auxiliar de las técnicas educativas, y en ocasiones la técnica en sí misma. Con el mismo desparpajo la escuela, hasta no hace demasiado tiempo hacía de esta metodología un culto: Basta para recordar, los tirones de orejas, golpes con el puntero o arrodillarse encima del maíz como formas cotidianas de resolver las cuestiones con los “niños problema”, que conllevaban el mensaje agregado, de escarmentar al resto.


La doctrina que sustenta estas actitudes es una construcción ideológica vigente, conocida como patriarcado, absolutamente presente y naturalizada en todos los estamentos de la sociedad y que apunta a consolidar la supuesta superioridad del hombre sobre las mujeres, y por extensión a los niños, lo cual habilita al macho de la especie a disponer de los otros pues han sido puestos en el mundo para servirle.


Cuando se baja esta ideología hacia las cuestiones cotidianas puede observarse con que naturalidad se fundamentan las conductas golpeadoras tanto desde un cierto humor hasta análisis psicológicos basados en la justificación falaz de todas las provocaciones que empujaron al hombre hacia la ira que inevitablemente desembocó en golpiza.


Un “chiste” popular afirma que probablemente un hombre no sepa porque le pega a una mujer pero que ella seguramente sabrá que se lo tiene merecido.


Esta desvalorización acompañada del natural derecho a apropiarse del cuerpo de la mujer es automáticamente deslizado hacia los niños, tema del que nos ocuparemos mas adelante.