JorgeFernández Campón
 
ABORTO: DOGMA VS. CIENCIA

 

Los debates sobre temas de gran sensibilidad social deben ser tratados buscando un eje en común, al cual aporten los sectores involucrados intentando lograr puntos de equilibrio, los que luego, quedarán plasmados en la normativa.


Desde hace un tiempo el tema del aborto, ocupa el centro de la escena nacional con posiciones aparentemente irreconciliables. Esto sucede porque el aborto no es un tema con eje único, entonces naturalmente, cada sector construye su aparente verdad sin considerar las otras razones, porque ambas son independientes y pueden subsistir por si mismas.


Uno de esos ejes, se materializa desde los dogmas. Las religiones, tanto en teología como en liturgia, condenan severamente el aborto y se oponen a su normatización. El otro eje tiene origen en la ciencia, quien sin transgredir cuestiones éticas, considera que reglar el aborto pondrá fin a cientos de muertes, producto de la impericia en acciones paramédicas clandestinas. No cabe ninguna duda sobre el paralelismo de los credos con la ciencia, es imposible imaginar algún punto de contacto entre ambos, más allá del tema que circunstancialmente se trate. Pero no es menos cierto, que el estado no puede admitir ingerencias de las religiones sobre temas estrictamente científicos, a riesgo de transformarse en una teocracia.


Las declaraciones de un obispo, de alto contenido inquisidor, proponiendo el sacrificio de un Ministro por su inclinación a reglar el aborto, demuestran el inútil desgaste que supone la morosidad de nuestros representantes en crear las leyes que la sociedad está exigiendo. Un estado laico debe establecer programas y leyes que contengan a todos los ciudadanos, más allá de su credo. Una reproducción responsable, educar sobre enfermedades de transmisión sexual y garantizar una atención profesional de la salud en los casos que autoricen las normas, son obligaciones irrenunciables en el estado de derecho.


La religiones y sus conducciones deberán entender que es responsabilidad de sus fieles acatar los preceptos de las sagradas escrituras y abstenerse, en lo personal, de utilizar lo que las leyes, de contenido absolutamente científico, autorizan.


No soy partidario del aborto, considerando, además, que sólo tienen autoridad para discutir sobre el tema quienes pueden experimentar la concepción, es decir, las mujeres, pero me exasperan los neo inquisidores que retoman recetas del siglo XIII, en este caso integrantes de la Iglesia Católica, pero en prácticas abominables, ningún credo queda exento de un maniqueísmo insoportable.


Entonces, como no coincidir con Carlos Marx y su inteligente precisión: “Las religiones son el opio de los pueblos”.

Jorge Fernández Campón es el Presidente del Centro Comercial, Profesional y de Servicios de Villa Carlos Paz.